{"id":14,"date":"2022-10-14T16:52:42","date_gmt":"2022-10-14T16:52:42","guid":{"rendered":"https:\/\/egparraga.es\/?p=14"},"modified":"2022-10-15T10:48:40","modified_gmt":"2022-10-15T10:48:40","slug":"lo-del-bullying","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/egparraga.es\/?p=14","title":{"rendered":"Lo del bullying"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-justify\">El curso pasado consumamos una actuaci\u00f3n a gran escala contra el bullying en mi centro. Digo <em>consumamos <\/em>porque fueron semanas, meses, de recabar informaci\u00f3n, recoger testimonios, obtener pruebas y, finalmente, concertar reuniones individuales con todos los actores implicados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Durante estas entrevistas tuve ocasi\u00f3n de presenciar la sorpresa de varias personas, ajenas a la docencia, cuando se topaban con la aut\u00e9ntica realidad del bullying. Principalmente eran padres y madres -tambi\u00e9n alg\u00fan que otro pr\u00e1ctico del M\u00e1ster de Secundaria- los que no pod\u00edan ocultar su asombro cuando les cont\u00e1bamos que su hijo acosaba a otros compa\u00f1eros. Porque su hijo no encaja, ni por asomo, con perfil que todos imaginar\u00edamos en un <em>bully.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y ese es el tema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Como sociedad, tenemos instaurada una imagen del bullying que se corresponde poco con la realidad: la del macarra, normalmente mal estudiante, que se entretiene acosando a un compa\u00f1ero. Es una historia de blancos y negros, sin matices, cuya resoluci\u00f3n es sencilla. Basta dejar caer sobre el <em>bully <\/em>el peso de la ley. Expulsarlo del centro, un mes si es posible -o, mejor, para siempre- lo que autom\u00e1ticamente pondr\u00e1 fin a la desagradable situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Lo cierto es que tan solo encontramos un par de casos donde todo estuviera meridianamente claro desde el principio. Porque resulta que la realidad del bullying suele ser mucho m\u00e1s embrollada y compleja. Imag\u00ednense la sorpresa de los ne\u00f3fitos en la materia cuando comprobaban un hecho que puede parecer desconcertante, pero que a nosotros nos resulta familiar: que una parte significativa de los acosados resultaba ser acosador o c\u00f3mplice en otro contexto. Chavales que a ratos se un\u00edan a sus <em>bullies <\/em>para hacerle la vida imposible a otros. Chavales que se cambiaron de instituto para salir de una situaci\u00f3n de acoso y que, al encontrarse seguros y arropados en nuestro centro, replicaron los abusos que ellos mismos sufrieron. Chavales perfectamente educados en valores, con padres concienciados y comprometidos. Chavales que no son malos chavales. Porque la gran mayor\u00eda de los alumnos son, de hecho, buenas personas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Imaginad ahora la de horas empleadas en recoger testimonios y reconstruir los hechos. En desenmara\u00f1ar pacientemente la madeja. En situar a todos los actores en su lugar y comprender y valorar sus cambios de roles seg\u00fan el escenario. Imaginad la de veces que empezamos a investigar un caso de acoso a un alumno y acabamos descubriendo que \u00e9l tambi\u00e9n estaba amargando la existencia a otro compa\u00f1ero. Y el caso contrario: <em>bullys <\/em>que se derrumban en la soledad de un despacho, confesando que su \u00fanica motivaci\u00f3n para hacer lo que hacen es evitar convertirse ellos en v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Y aqu\u00ed est\u00e1 el quid de la cuesti\u00f3n: ese trabajazo interminable y minucioso solo fue posible gracias a la presencia de un equipo de alumnas en pr\u00e1cticas de Orientaci\u00f3n que pudieron cargar con el peso de la mayor parte de la labor de investigaci\u00f3n y zapa. Porque el horario de los tutores de Secundaria -que tienen <strong>una<\/strong> hora a la semana para atender individualmente a su alumnado-, y ya no digo del saturado equipo orientador del centro, es del todo insuficiente para llevar a cabo una intervenci\u00f3n de tal magnitud. Las intervenciones que se llevaron a cabo no fueron ni r\u00e1pidas ni sencillas (los acosadores, sorprendentemente para algunos, tienen derecho a la presunci\u00f3n de inocencia). Tampoco lo han sido las sanciones impuestas (los acosadores tambi\u00e9n siguen conservando su derecho a la educaci\u00f3n). Porque <strong>la soluci\u00f3n m\u00e1gica no existe.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Esta es la realidad. La realidad que no vende. La realidad que la sociedad no quiere ver. La realidad en la que el bullying no es un problema que no se solucione por falta de voluntad del profesorado -sin negar que <strong>hay un buen porcentaje de docentes que no est\u00e1n adecuadamente formados y\/o pasan de implicarse<\/strong>&#8211; sino porque sencilla y llanamente no tenemos recursos suficientes para abordar un problema tan complejo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Si queremos que el acoso escolar desaparezca de nuestras aulas, eso es lo que necesitamos. Recursos. Menos <em>spots <\/em>publicitarios, menos campa\u00f1as que no llegan a ning\u00fan lado, y sobre todo menos simplificaci\u00f3n y demagogia. M\u00e1s orientadores, menos alumnos por aula y m\u00e1s horas de reducci\u00f3n a los tutores de Secundaria para que puedan dedicarle a este tema el tiempo que merece. En definitiva: <strong>dinero.<\/strong> Y todo lo dem\u00e1s no es otra cosa que poner parches a un problema que no parece tener fin.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El curso pasado consumamos una actuaci\u00f3n a gran escala contra el bullying en mi centro. Digo consumamos porque fueron semanas, meses, de recabar informaci\u00f3n, recoger testimonios, obtener pruebas y, finalmente, concertar reuniones individuales con todos los actores implicados. 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