[Lo que sigue es un relato de la aventura “Bestias de Sal” del segundo arco de La Sangre Maldita.]

 

“LA SANGRE MALDITA”

LA VERAZ E INCUESTIONABLE CRÓNICA DEL ASCENSO DE NAERYS FUEGOSCURO

Por Aethar Mares, alias “Tinto”

¿Quieres ver mi espada bastarda?

 

CRÓNICA VII: BESTIAS DE SAL

Tras narrar a vuesas mercedes los portentos del gélido Norte y las intrigas de la Casa Arryn, mi lira, inasequible al desaliento, nos lleva ahora a parajes donde el viento huele a salitre, traición y pescado en mal estado. Llegó el momento de relatar cómo nuestros enviados buscaron forjar una alianza con los siempre volubles hijos de las Islas del Hierro. Y, de paso, ver si pescaban unos rumoreados huevos de dragón. ¡Ah, la ambición, qué gran motor para las baladas!

La comitiva, no menos singular que en otras gestas, estaba compuesta por el siguiente elenco de señores a cada cual más imponente:

 

Y no me digáis que no es cierto
  • Rodrik Stark, Rey en el Norte, que caminaba adusto, con el peso de la corona hundiéndole los hombros, ¡quién fuera masajista para liberarle tensiones!
  • Qyle Martell, el erudito hijo de la casa real de Dorne, con el corazón roto por la caída de Lanza del Sol, ¡seguro que hay muchos pretendientes y pretendientas dispuestas a sanárselo!
  • Ygon the Wanderer, del Clan de la Pluma Blanca, un grandullón del Pueblo Libre con tanta sangre Greyjoy como ganas de repartir hachazos, ¡qué buenas y recias manos tiene este muchachote norteño! Si son todos como él, yo mismo iré a derribar el Muro.
  • Ragnar Greyjoy, antes Pyke, quien se ha desvelado como hijo del mismísimo Lord Segador, ¡exiliado por su propio hermano! ¿Quién podría querer alejar a esa carita?
  • Alton Greyjoy, antes Lyman Hill, falso Lannister y ahora primogénito del Lord Segador de Pyke, y el antes citado hermano de Ragnar. ¡Se respira la tensión entre los hermanos! Oh, mi lira canta de emoción ante sus miradas de absoluto cabreo.

Reencuentros y el “Águila Marina”

El viaje comenzó, como no podía ser de otra forma en esa disfuncional familia, con un choque de carruajes. El reencuentro en los caminos entre Alton y Ragnar fue tan cálido como un abrazo de Caminante Blanco. Alton, haciendo gala de su infinita labia, no paró de parlotear sobre reclamar el trono de Piedramar, mientras Ragnar lo miraba calculando mentalmente si arrojar a su hermano por un acantilado violaba o no sus sagrados votos de la Guardia de la Noche.

Para cruzar hacia Pyke desde los dominios de los Mallister, nuestros héroes tuvieron el dudoso honor de fletar el Águila Marina, capitaneada por el siempre embriagado Capitán Orlys. Un navío que, según el propio capitán, era “el mejor de las islas”, a pesar de tener más parches y agujeros que la reputación de un Frey.

Un vejete encantador

Apenas zarparon, los cielos se tiñeron del color de la tinta y una tormenta completamente antinatural se abatió sobre ellos. Las olas rugieron con la altura de torres, el barco crujió y el pánico cundió mientras el capitán Orlys intentaba gobernar el timón con una mano porque en la otra no soltaba su botella de licor. ¡Pardiez, qué estampa!

La Llamada de las Profundidades

Y entonces, el mar cobró su diezmo. Una ola colosal barrió la cubierta. Rodrik, Ygon y Ragnar lograron asirse, pero la fuerza del océano se llevó consigo a Alton y al dorniense Qyle. Ragnar, en un acto de heroísmo (o de locura transitoria), se ató un cabo a la cintura y saltó tras ellos, pero la negrura de las aguas se los tragó. ¡Qué gran hermano es Ragnar! Mi voz tiembla de la emoción al ser testigo del perdón del gran corazón de Ragnar (dicen por el Castillo Negro que el corazón no es el único órgano que disfruta de un considerable tamaño).

Pero ¡oh, milagro! Las oscuras y heladas aguas no fueron la tumba de Alton y Qyle. Mientras se ahogaban, una luz verdosa y abisal los envolvió, y miles de voces resonaron en sus cabezas. Era el mismísimo Dios Ahogado.

“Tienes alma de Kraken, hijo mío… hoy no es tu día para mis salones”, le susurró a Alton. Pero al dirigirse a Qyle, la deidad dudó: “¿Por qué debería salvarte? En tu sangre no hay sal… en tu corazón hay escamas. Pero hay alguien más en mis aguas a quien odio. Saerina… la de sal”.

Con la advertencia de que oscuros dioses antiguos rondaban sus dominios, el océano escupió a nuestros dos ahogados directamente contra el casco de un pesquero, dejándolos vivos, empapados y con un nuevo y aterrador propósito. Los pescadores los rescataron y les pusieron al día de la geopolítica en las Islas del Hierro, dejándoles en las orillas de Pyke.

Intrigas en Pyke 

Con los ropajes muchos más secos, el resto de la comitiva llegó al mismísimo castillo de Pyke. Fueron recibidos por una pelirroja de armas tomar, una tal Meyra Botley, quien a la postre se destapó como la hermanastra de Ygon, ¡qué precioso reencuentro familiar! Pero no hubo excesivo tiempo para compartir recuerdos. La tensión en el gran salón se cortaba con una daga de acero valyrio. Euron Greyjoy, sentado con arrogancia en la sagrada Silla de Piedramar, miraba a sus hermanos con el afecto que un carnicero le dedica a un cerdo.

Meyra Botley, ¡de tan buen ver como su hermanastro!

Allí se destapó el nido de víboras: los Goodbrother de la isla de Gran Wyk se habían declarado partidarios de los falsos Targaryen, habían secuestrado al hermano pequeño, Theon Greyjoy, y planeaban hacer sonar una reliquia legendaria, el Cuerno de los Abismos. Y por si fuera poco dolor para nuestros héroes, de los labios de Lord Goodbrother escapó la verdad más dolorosa: ¡Lord Gunthor Hightower, el erudito de Antigua en quien confiaban, era el traidor que había vendido a la causa Fuegoscuro!

Infiltraciones y amantes

Sin tiempo que perder, enviaron cuervos para advertir de la traición de Hightower, y trazaron un plan para infiltrarse en Cuerno Martillo, la fortaleza de los Goodbrother, para rescatar a Theon.

Greydon Goodbrother y Euron Greyjoy. Ojalá vinieran a pedirme sal

Decidieron disfrazarse de sirvientes. Rodrik y Ragnar se echaron unas capuchas raídas por encima, pero el pobre Qyle, intentando hacerse pasar por el servicio, protagonizó uno de los momentos más ridículos de la historia de Poniente: fue interceptado a los dos pasos por el ama de llaves, que dio la voz de alarma al ver que aquel forastero no sabía ni coger una bandeja.

Mientras tanto, guiados por el inconfundible sonido de gemidos y la pasión desenfrenada, Ragnar e Ygon patearon una puerta para encontrar a su hermano Theon… en fin, muy bien acompañado en la cama. Sin el más mínimo tacto, Ragnar agarró a su hermano desnudo por el pescuezo, lo sacó de la cama, le puso una daga en la garganta y lo arrastró fuera de la fortaleza. ¡Eso me lo hicieron una vez a mí, y doy fe de que no tiene la más mínima gracia!

La vuelta de Asaltatumbas

Antes de partir hacia la isla de Viejo Wyk, Ragnar e Ygon presenciaron una visión de pesadilla en la playa. El tío Thoron “Asaltatumbas” Greyjoy, a quien Ragnar había asesinado meses atrás, estaba arrodillado en la arena. Al tocarlo, el cuello del muerto se abrió en un tajo sangriento y, antes de disolverse en el agua, susurró una profecía: “Solo la piedra vence a la piedra”.

Tu tío favorito

Comprendiendo que el Cuerno de los Abismos era de piedra, robaron el navío de la mismísima pirata Meira Botley y navegaron a toda vela hacia Viejo Wyk.

Llegaron justo a tiempo para presenciar el fin del mundo. En la playa, una multitud de la secta del Fuego Salado, entre las que se encontraban el entrañable Capitán Orlys y la feroz Meyra Botley, adoraba los cielos, mientras Greydon Goodbrother se llevaba el Cuerno negro a los labios. Pero desde las nubes, no descendió una bendición, sino… ¡un colosal dragón de fuego escarlata, más grande que el mismísimo Terror Negro, que empezó a calcinar a los sectarios!

Sí. De nuevo

En medio del caos, Alton Greyjoy alzó su ballesta. Con una puntería que los bardos cantarán durante milenios (¡un virote directo al pecho!), atravesó el corazón de Greydon Goodbrother antes de que pudiera soplar, haciendo que el Cuerno cayera a la arena. El maligno plan de Saerina la de Sal, una de las hijas/piedras de Aeksiros, se iba al garete. ¡Un brindis por Alton!

El Dragón de Dorne

El dragón gigante, enfurecido, bajó en picado hacia nuestros héroes. En un acto de valor suicida, el erudito Qyle Martell avanzó hacia la bestia y, en perfecto y antiguo Alto Valyrio, le gritó: “¡Hijo de los cielos, baja a mí!”.

¿La respuesta del dragón? Un torrente de fuego abrasador que engulló al dorniense. Todos lo dieron por muerto… hasta que de entre las llamas caminó Qyle, completamente desnudo, sin un solo rasguño y con el cabello rubio brillando a la luz del fuego. ¡La sangre del dragón corría por las venas del Martell y el fuego no podía dañarlo!

Ragnar, desesperado, recogió el Cuerno e intentó hacerlo sonar para espantar al dragón, pero de nada sirvió. El Cuerno no dominaba a Brasa. Fue entonces cuando recordaron la profecía de su tío no-muerto: “Solo la piedra vence a la piedra”. Y la única piedra legendaria de las islas era la Silla de Piedramar.

Las Tres Bestias de Sal

Regresaron a Pyke como alma que lleva el Diablo, irrumpieron en el Salón del Trono y, ante la mirada atónita de Euron, alzaron armas y golpearon el Cuerno contra la legendaria Silla de Piedramar.

El choque fue apocalíptico. La milenaria silla estalló en mil pedazos. Y de sus entrañas, desenrollándose y creciendo a una velocidad mágica y monstruosa, emergieron tres majestuosos dragones formados de sal cristalizada y magia oceánica. Una voz retumbó en la sala: “¿Quién de los legítimos hijos de la sal me montará?”.

Alton el locuaz, Ragnar el guardia y el gigante Ygon de la Pluma Blanca no lo dudaron. Se acercaron a las colosales bestias y las reclamaron. Así nacieron a los cielos Salitre, Ahogado y Vaedar. Por si fuera poco, de entre los escombros de las cuevas, el ahora incombustible Qyle rescató a un pequeño y misterioso dragón del tamaño de un perro, oscuro como la noche, al que bautizó como Sombra.

Montados en sus bestias de sal, los tres jinetes Greyjoy forzaron la retirada del dragón de fuego. ¡Eran los amos de los cielos y de las islas!

Pero la gloria es un vino que se agría pronto. Mientras surcaban los cielos para reunirse con su reina, Naerys Fuegoscuro, los vientos trajeron las noticias más nefastas: El Dominio había ardido hasta los cimientos… e Invernalia, el ancestral y sagrado hogar de Rodrik Stark, había caído y ahora lucía en sus murallas los estandartes del falso dragón tricéfalo. Y Nymeria Martell, esa dulce y aventurera niñita que daba tumbos por los pasillos ocultos de Lanza del Sol, estaba… muerta.

La guerra había comenzado de verdad, y Poniente estaba a punto de ahogarse en sal, sangre y fuego.

By Elena

Profesora de Geografía, Historia, Historia del Arte y lo que surja. Rolera y autora de rol a tiempo parcial. En este blog encontrarás mis aventuras autopublicadas, recursos para rol en el aula, guías y materiales para mi asignatura y mi intransferible opinión personal sobre diversos asuntos.

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