“LA SANGRE MALDITA”

LA VERAZ E INCUESTIONABLE CRÓNICA DEL ASCENSO DE NAERYS FUEGOSCURO

Por Aethar Mares, alias “Tinto”

Fui a la orilla del río, y vi que estabas muy sola

 

CRÓNICA IX: LA TORRE DEL TRAIDOR

Dicen que las murallas de Desembarco del Rey son centinelas inmutables, pero cuando el cielo llora ceniza y una niebla rojiza se arrastra por las calles, ni la piedra más gruesa puede detener a la verdadera oscuridad. Ni, por supuesto, a un puñado de norteños testarudos.

La comitiva que llegó a las afueras de la capital era tan letal como el invierno mismo: 

Nuestros bravos norteños
  • Alarya Stark, la fiera hija del finado Lord Cregan. 
  • Brandon Stark, el voluntarioso primo de Rodrik y sus hermanos, ahora con la espada Albor en el cinto.
  • Lady Erya Snow, la imponente Lady Comandante de la Guardia de la Noche, que en pos de la supervivencia de todo el Reino se lanzó sin dudarlo al sur.
  • Robb Umber, Lord Mayordomo de la Guardia de la Noche, su fiel acompañante, siempre calmado y temible por su corpulencia.
  • Walton Stark, el pequeño de la familia pero grande en habilidades, como la de caminar en la piel de las bestias.

La niebla roja

Esta crónica empieza, como siempre, en Invernalia. Allí, con la mayor parte de los leales a nuestra Reina Naerys Targaryen Fuegoscuro (¡Reina de los Rhoynar, los Ándalos y los Primeros Hombres, Protectora del Reino y Soberana de mi Corazón!) habiendo marchado a diversas misiones, fue su propia mano derecha, Lord Gunthor Hightower, quien se sumió a la última, y no por ello menos importante, empresa: marchar a Desembarco del Rey, la mismísima capital de los Targaryen, para intentar detener los sacrificios de sangre que estaban teniendo lugar en la Fortaleza Roja.

El viaje hacia allí transcurrió sin más incidentes que debates sobre qué hacer con los lobos huargos de Alarya y Brandon, Escarcha y Peque (¡qué buen nombre para un lobo huargo de más de un metro de altura a la cruz!). Ya en la Puerta, nuestros héroes notaron algo extraño: la gente que salía de la ciudad parecía realmente aliviada de hacerlo, y no se marchaban por tan solo unas horas. Ni cortos ni perezosos, se dirigieron a hablar con un matrimonio, enterándose de que algo extraño estaba ocurriendo dentro de la capital: una extraña niebla roja que provocaba visiones. 

Escarcha y Peque. ¡Perritos bonitos!

Nuestros gallardos enviados lograron entrar sin problemas en Desembarco, consiguiendo incluso el nombre de un guardia sobornable: un tal Beric. Una vez dentro, dirigiéronse hacia la casa del matrimonio huido, al que con gran astucia engañaron para que se la “prestaran” mientras estaban fuera.

Allí, el grupo se dividió, pues es sabido que dividirse siempre es la mejor idea ante los problemas de raíz siniestra. Robb y Brandon marcharían a la taberna de La Pulga Sonriente a recabar información, mientras Erya y Alarya, tía y sobrina, se quedaban en la casa con un exhausto Lord Gunthor, visilleando tras la ventana. ¡Un plan sin fisuras! ¡Los secretos de la capital estaban a punto de desvelarse!

 

Hay una carta para ti

Brandon Snow y Robb Umber acudieron a La Pulga Sonriente intentando pasar lo más desapercibidos posibles, es decir: atrayendo la atención de todos los parroquianos en cuanto pusieron un pie dentro. ¡Ay, qué difícil es disimular el origen norteño, pues bien sabido es que el frío conserva la piel y rejuvenece! 

Inmediatamente, la simpatía natural de nuestros muchachos dio sus frutos. Se enteraron de que la niebla roja producía visiones cuando una de las mismísimas parroquianas cayó al suelo entre convulsiones. “¡El Dios de la Ceniza! ¡El Dios de la Ceniza!”, gritaba mientras un bondadoso septón la sujetaba. 

De pura casualidad (¡loados sean los Siete!) el tal guardia de la ciudad corrupto y sobornable, de nombre Beric, se hallaba también allí. Consiguieron marchar con él a la trastienda para parlamentar en compañía del tabernero que, al saber de la verdadera identidad de Robb, dio un respingo: ¡hacía unos días que un cuervo había traído una carta para él!

Efectivamente, ante el pasmo de nuestro enorme y afable Lord Mayordomo, el dueño volvió de inmediato con una carta en las manos. La firmaba el explorador de la Guardia de la Noche, Ragnar Pyke (¡dulces recuerdos me despierta su nombre, al evocar su encantador y mohíno rostro!). Ragnar, siempre directo y parco, le dirigía unas pocas y contundentes líneas:

Lord Gunthor Hightower es un traidor.

Pretends to be shocked

El alfiler del traidor

Mientras tanto, Alarya y Erya ya se habían figurado la verdad sobre Lord Gunthor en cuanto le vieron intentar echar mano de su sospechoso alfiler. Supieron entonces la verdad: un hijo bastardo del Señor de Antigua estaba preso en las mazmorras Targaryen, y él se había aliado con el rey Aerys, quien le dio el misterioso alfiler que mis fieles y más atentos lectores seguro que ya conocen. El de los tres rubíes: uno que muestra lo último que ha visto su dueño (perdido en La Llamarada del Oeste y encontrado por la Maestre Mikayla), otro que permitía comunicarse con Aerys y un tercero que representaba un arma. Fue Erya Snow quien se dio cuenta de que en el segundo se reflejaba una imagen: era una imagen fija del Trono de Hierro. Parecía que su portador estaba quieto delante del horroroso trono.

En esas llegaron Brandon y Robb, sorprendiendo a las Stark por la celeridad con la que corren las noticias en Desembarco. ¡Más bien habría que agradecerle al correo en cuervo, razón de más para defender con uñas y dientes para defender los servicios públicos! En cualquier caso, Gunthor, derrotado, accedió a ayudar a nuestros héroes a entrar en la Fortaleza Roja. Allí, tras el Paseo del Traidor, se hallaba el Torreón de Maegor, donde estaban presos los bastardos Targaryen a liberar.

El niño y la rata

Pero había algo que los adultos no sabían: el pequeño Walton se había escabullido en su expedición y, aburrido por sus charlas sobre tácticas e infiltraciones, decidió tomar cartas en el asunto. Usando sus dotes de cambiapieles, su mente abandonó su cuerpo humano y se deslizó en el de una simple rata de alcantarilla. Escabulléndose por desagües y conductos pestilentes, logró burlar toda la seguridad de la Fortaleza Roja hasta llegar a las cocinas.

Allí, retomando su forma de niño y disfrazado de harapiento pinche de caballerizas, Walton demostró tener más labia que este humilde juglar. Engatusó a una aterrorizada sirvienta llamada Sara, ofreciéndose a llevar una bandeja de vino al mismísimo Salón del Trono en su lugar. ¿Su recompensa? Un beso en la mejilla que dejó al joven Stark más colorado que la niebla del exterior. ¡Ay, el primer amor en tiempos de magia oscura!

 

Traición en el Trono de Hierro

Guiado por la Guardia Real, el pequeño copero entró en el majestuoso Salón del Trono. La escena que presenció helaría el corazón de cualquier hombre curtido. El Rey Loco, Aerys Targaryen, yacía indolente ante su trono, acompañado por su Mano, el siniestro Lord Cuervo de Sangre. ¡De ahí la imagen fija del trono, pues el rey estaba en un catafalco justo frente a los hierrajos!

A su alrededor, siete capas blancas montaban guardia, pero Walton, con su aguda vista, notó algo aterrador: seis de ellos tenían la mirada vacía, perdidos en una especie de trance mágico. Solo uno, un hombre de cabello rubio trenzado, fingía estar bajo el hechizo.

Walton se escondió tras una columna justo a tiempo para escuchar a Cuervo de Sangre instar al Rey a entregar su propia sangre para un ritual. Fue entonces cuando de las sombras emergió una criatura de pesadilla: un ser de ojos rojos y piel quebrada. Ante la absoluta indiferencia de los guardias embrujados, el monstruo hundió un puñal en el pecho del Rey Aerys. El monarca no gritó, no se defendió; simplemente se convulsionó mientras su sangre empapaba un alfiler de tres rubíes.

“Ha empezado… Traed la Roca”, sentenció el hechicero. Walton, paralizado por el aura de terror de la criatura, fue descubierto y apresado por los capas blancas, siendo arrastrado hacia las mazmorras de la temida Torre del Traidor.

 

El pasadizo secreto

En el exterior, ignorantes de la captura del pequeño (aunque advertidos por una providencial rata mensajera que Walton logró controlar en el último instante), Erya, Alarya, Brandon y Robb buscaban una forma de entrar.

Guiados por la necesidad, llamaron a la puerta trasera de una casa, encontrándose con Daya, la sastre del Rey. La mujer estaba haciendo las maletas apresuradamente. Confesó ser amante del monarca y saber que Aerys había muerto: la aparición de la niebla roja era la señal inequívoca.

Negociando como solo los norteños saben hacer (es decir, prometiendo escoltarla fuera de la ciudad si cooperaba, y mirándola muy fijamente a los ojos), lograron que Daya les entregara ropas de capas doradas y doncellas. Pero el verdadero tesoro fue la estantería que la mujer apartó de una patada, revelando un oscuro pasadizo secreto que conducía directamente a la base de la Torre del Traidor.

 

El rodillazo de la victoria

En las profundidades y en la oscuridad total, Walton había sido arrojado a una celda junto a una media docena de niños y adolescentes aterrorizados. No estaban allí por casualidad: eran el ganado para el macabro ritual de magia de sangre del Salón del Trono.

Cuando un inexpresivo Capa Blanca abrió la celda para llevárselos al matadero, el pequeño Walton Stark demostró que en el Norte las lecciones del maestro de armas se aprenden bien. Ignorando el honor y la caballerosidad, propinó un brutal y certero golpe (dejémoslo en “golpe bajo”) en las mismísimas “joyas de la corona” del caballero de la Guardia Real. El guerrero cayó de rodillas, gimiendo de dolor, mientras Walton gritaba: “¡Corred!”, liderando la fuga de los prisioneros por los pasillos subterráneos.

El destino es caprichoso. Justo cuando Erya Snow y su comitiva emergían del pasadizo secreto hacia las mazmorras y trataban de intimidar a uno de los guardias reales embrujados (quien les advirtió que el ritual en la Piedra ya era imparable), vieron aparecer a Walton corriendo a toda velocidad, seguido por los niños rescatados y un furioso guardia cojeando detrás.

La comitiva norteña se reunió por fin en las entrañas de la Fortaleza Roja, pero la alegría fue efímera. Tenían a los niños, sí, pero la bestia y Cuervo de Sangre estaban arriba, consumiendo la magia del mundo en el Trono de Hierro, rodeados de una Guardia Real zombificada (¿de dónde habré sacado esa palabra?) y una niebla letal.

El dilema pendía sobre ellos como la espada de verdugo: ¿Huir con los inocentes por los pasadizos y salvar lo que pudieran, o ascender al Salón del Trono, enfrentar a un hechicero de poder incalculable y cortar la cabeza de la serpiente antes de que Poniente se ahogue en sangre?

Por supuesto, nuestros héroes no serían héroes si no hubieran optado por la última opción.

Y allí se encontraron a un viejo conocido.

Holiiiii

 

El regreso del juglar mediocre

Al entrar en la Sala del Trono encontraron un panorama dantesco: Lord Cuervo de Sangre junto al antiguo Rejo, ahora con su verdadera identidades de Malaevar Valtheon, junto los cráneos de los antiguos dragones encabezados por el de Balerion el Terror Negro. En el suelo, el cuerpo exánime del Rey Aerys.

Empezó una lucha a contrarreloj en la que los miembros de la Guardia Real se sacrificaban a sí mismos para dar vida a los dragones en un macabro ritual de sangre: aunque la implacable Lady Erya consiguió hacer añicos el cráneo de Balerion, el Terror Negro (¡no puedo ni imaginar el pánico que tal bestia podría haber ocasionado en Poniente!), esos hechiceros inmundos consiguieron devolver a la vida al feroz Caraxes el Guiverno Sangriento (¡emotivo apodo!) y a la vieja y enorme Vhagar, además de dejar inconsciente a Malaevar, quien acabó muriendo por la espada de Robb Umber.

Pero Walton Stark, utilizando sus dotes de cambiapieles, consiguió nada más y nada menos que ¡wargear al dragón Caraxes!

Pues ahora el niño tiene un dragón

Y entonces, en una decisión nacida de la desesperación por salvar Poniente, Lady Erya Snow activó el arma del rubí de Lord Gunthor. Y ese rubí… Abrió un portal en las ruinas de la Antigua Valyria, donde los Caminantes Rojos empezaron a cruzar hacia Poniente. 

Urgidos por la sabiduría ancestral del Guiverno Sangriento, Caraxes, el grupo huyó volando de la Fortaleza Roja mientras el fuego andante y el aliento de Vhagar se extendían por todo Desembarco del Rey, ocasionando una auténtica matanza. Caraxes, controlado por Walton, consiguió rescatar a los bastardos Targaryen, alejándose de una capital convertida en cenizas.

Esta crónica acaba con Caraxes encontrándose con el enorme dragón Brasa, ahora montado por Naerys Fuegoscuro, y por Ahogado, Vadear y Salitre, montados a su vez por Ragnar, Ygon y Alton Greyjoy.

Y con la noticia de la muerte de Nymeria Martell y la caída de Invernalia, se acaba esta crónica, que termina de reseñar los acontecimientos ocurridos hasta la fecha, con la presunción de veracidad que tiene mi siempre exacta y elegante pluma

By Elena

Profesora de Geografía, Historia, Historia del Arte y lo que surja. Rolera y autora de rol a tiempo parcial. En este blog encontrarás mis aventuras autopublicadas, recursos para rol en el aula, guías y materiales para mi asignatura y mi intransferible opinión personal sobre diversos asuntos.

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