[Lo que sigue es un relato de la aventura “Catorce Llamas” del segundo arco de La Sangre Maldita.]
“LA SANGRE MALDITA”
LA VERAZ E INCUESTIONABLE CRÓNICA DEL ASCENSO DE NAERYS FUEGOSCURO
Por Aethar Mares, alias “Tinto”

CRÓNICA VIII: CATORCE LLAMAS
Mientras Poniente se desangraba en intrigas y nuestro Rey en el Norte lidiaba con falsos dioses de sal, una comitiva de valientes navegaba hacia la herida abierta del mundo: las ruinas humeantes de la Antigua Valyria.
A bordo de la Llamarada del Oeste, guiados por el enigmático y aterrador Syrio Volanteno (un siervo del Dios de Muchos Rostros), viajaban almas de acero, a la sazón:

- Loran Lannister, estoico primogénito de Lord Lefford Lannister (que la Madre le acoja en su seno y el Desconocido le guíe por sus infinitos vericuetos; vamos, que descanse en paz), ahora señor de Roca Casterly, un joven bravo como un león y con una melena igualmente impresionante. ¡Otro soltero de oro! (Oro, ¿eh? ¿Lo habéis pillado? ¡El oro de Roca Casterly! Por eso Loran es un soltero de oro. ¡Rendíos ante el ingenio del gran Tinto!)
- Ser Joanna Lannister, también conocida como la tita Joanna (pero solamente por sus sobrinos, pues no querréis probar la contundencia de su acero). Esta veterana de guerra del Prado Hierbarroja siempre dispuesta a poner su espada al servicio de su familia. ¡Qué ejemplo de fidelidad el de la buena Lady Joanna! Mi corazón se estremece al pensar que tengo el honor de cantar las gestas de una mujer tan heroica.
- Kiara Manderly, la jefa de exploradores de la Guardia de la Noche, y cuya familia, los Manderly, habían ayudado a conseguir el pasaje para adentrarse en las ruinas de la Antigua Valyria. No podía ser otra más que ella, la fiera exploradora que no parpadea ante los terrores más inhumanos, quien guiara la expedición hacia esas tierras de las que nadie vuelve.
- Mikayla Bracken, Maestre de la Guardia de la Noche, nadie más sabia que ella en todo Poniente y nadie mejor para desentrañar los misterios que oculta la capital del antiguo Feudo Franco. ¿Quién si no iba a interpretar los complejos acertijos que aguardaban al grupo?
- Nymeria Martell, ¡oh, la dulce Nymeria! Este juglar no puede contener las lágrimas al saber que este viaje sería el último de la pequeña aventurera Martell, cuyas inquietudes la llevaron a alcanzar lugares que otros solo pueden soñar. ¡Pero no adelantemos acontecimientos! Tan solo diremos, de momento, que la furtividad y el silencio combinan muy bien con el tétrico pasatiempo de coleccionar rostros.
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El Rubí Maldito
El viaje a través del Mar del Verano pronto se tornó en una pesadilla. Mientras Syrio Volanteno instruía a la joven Nymeria en las artes del silencio y le recordaba que “la muerte es un don”, una bruma antinatural y asfixiante intentó atrapar el navío para arrastrarlo a las letales aguas del Mar Humeante.

Fue el agudo intelecto de la Maestre Mikayla el que descubrió la trampa: un mapa falsificado y un pequeño y siniestro rubí escondido en la bodega, un artefacto de magia de sangre que había corrompido el agua y el grano y que nuestra sabia Bracken guardó. Alguien deseaba que jamás alcanzaran Valyria. Pero, con destreza en los remos por parte de Loran y la guía de Mikayla, la Llamarada del Oeste rasgó el velo de niebla y atracó en el mismísimo infierno de cenizas.
Sombras que hablan
Valyria no es un lugar para los vivos. Apenas pusieron pie en las tierras calcinadas, ecos del pasado comenzaron a atormentarles. Escucharon gritos de auxilio que los condujeron a una trampa: una bestia primigenia, un horror de fuego y roca que imitaba las voces de los moribundos. “¡Papá, por favor, no me mates!”, suplicaba el monstruo con voz de niña.
Pero nuestra comitiva no se amilana ante demonios. Kiara Manderly le asestó un brutal tajo en el flanco, y Lady Joanna, implacable, le disparó un virote de ballesta directamente a través de las fauces, silenciando a la aberración para siempre. ¡Chúpate esa, bicho! En Valyria tendréis terrores inimaginables para la mente del ser humano, pero hay algo que en Poniente hacemos como nadie: coordinarnos maravillosamente.
Mientras tanto, la escurridiza Nymeria siguió el rastro de la verdadera voz de auxilio. En las sombras de una antigua biblioteca, encontró a Raviz, un miserable marinero al que nuestro viejo amigo, el hechicero Jahaerys Belaerys le había arrancado la lengua tras sacrificar a su propia hija en la profana Cámara de Sangre. Maldito Jaehaerys y maldito el día en el que pusiste un pie en Poniente para, en compañía de mi archienemigo y poderosísimo mago de sangre Rejo (mas mediocre como juglar, he de aclarar, ¿quién va por ahí utilizando aún la rima asonante?) se aliaron con Lord Cuervo de Sangre (maldito bastardo incestuoso) para susurrar locuras en la mente del ya loco príncipe Aerys y poner en marcha todo este embrollo de sombras y magias de sangre.
Pero volvamos a la acción que nos ocupa. Viendo el tormento del pobre diablo, Nymeria comprendió las lecciones de su maestro. “Valar Morghulis”, susurró en la oscuridad. Con piedad, le cortó la garganta, concediéndole el don de la Muerte… y tomando su rostro para sí misma. La princesa de Dorne se había convertido en una verdadera asesina de las sombras. ¡Oh, ingeniosa Nymeria! ¡Valiente chiquilla! ¡Cuánto te echarán de menos los Siete… Seis… Cinco Reinos! Pero no adelantemos acontecimientos, ya que el destino de Nymeria es un secreto que se mantendrá bien sellado hasta el final.
(Nota de Tinto: No volveré a pedirle a Nymeria que me afeite).
El acertijo del fuego
El avance del grupo se detuvo ante una puerta mágica, sellada por los ecos del Antiguo Valyrio. La puerta les desafió: “Sin voz me alzas y sin alas caigo. Nací en las entrañas, mas devoro lo alto. Soy uno de cuatro, mas solo el más voraz. Y si me nombras, nombra también a mis hermanos. Uno guarda, uno muere, uno cambia y yo ardo”.
Sorprendentemente para todos fue Loran Lannister quien, con la perspicacia de un león (¿desde cuándo los leones son perspicaces?), pronunció la respuesta: “El fuego”.
La puerta se abrió, pero la visión que les mostró fue desoladora. Vieron a los antiguos héroes de Poniente empuñando las primeras espadas de Acero Valyrio. Descubrieron que la Maldición de Valyria no fue un accidente, sino un sacrificio deliberado para sellar a un ente de horror cósmico: Aeksiros, el Dios de las Cenizas. Jaehaerys Belaerys había empezado a descorrer los cerrojos de su prisión y nuestros héroes, inadvertidamente, terminaron con su cautiverio.
Las Profundidades y el Legado Rhoynar
Soportando un calor que derretía el espíritu (y que casi acaba con la pobre Maestre Mikayla, ¡ella es más de climas fríos y secos!), descendieron hacia las catorce chimeneas volcánicas. Allí toparon con un Gusano de Fuego, un ancestro de los dragones, dormitando entre las ruinas.
Un tropiezo inoportuno despertó a la bestia. Loran, con agilidad felina, la distrajo lanzando una roca, Kiara demostró por qué es la Matagigantes rebanándole casi por completo el cuello, y Joanna, con una frialdad envidiable, aprovechó el caos para saquear el nido de la criatura, embolsándose un colmillo y, ¡escuchad bien!, dos huevos de dragón (y la Maestre Mikayla, quien siempre está en todo, se echó a su morral dos bigotes y una escama).
Pero en la oscuridad de aquella caverna aguardaba el destino de Nymeria. Oculta entre los escombros brillaba Sol de Sangre, la legendaria lanza de Acero Valyrio de su casa. Al empuñarla, el mismísimo espíritu de la princesa Nymeria de los Rhoynar se le apareció, reconociendo en la joven el fuego y la arena necesarios para portarla. “Mientras un Martell lleve esta lanza, parte de mí irá con vosotros”, le prometió el fantasma. ¡Les aseguro que a este humilde narrador se le eriza el vello solo de pensarlo!
Más adelante, Mikayla encontró un pergamino con sangre fresca, escrito en Alto Valyrio:

La traducción, pues este juglar tiene un flamante C1 en Alto Valyrio, es la siguiente:
“Aeksiros reina, ceniza y llama,
Fuego Eterno, más fuerte que los dragones,
Ceniza es ruina, voluntad no mía.
Pues la muerte veré de su fuego eterno”
Y nuestros héroes pasaron a la cámara siguiente para encontrarse con un viejo enemigo.
El final del hechicero
Allí estaba Jaehaerys Belaerys, el hombre que, por simple despecho, ha provocado el mayor desastre que se ha abatido en Poniente desde que se inventaron las túnicas sueltas y poco ceñidas.

Pero no estaba solo. ¡En sus manos empuñaba a Rugido, la espada ancestral valyria de la Casa Lannister, casualmente perdida en estas ruinas por uno de los últimos Reyes de Roca Casterly! ¡Albricias! Eso sí, la espada estaba algo ennegrecida: ¡Rugido Sombrío, la llamó Jaehaerys! El poderoso mago, quien parecía estar bajo el control de una fuerza oscura, también les dio la clave del rubí que sostenía Mikayla:
¿Se le ha caído? Vaya… Cuando vea que su arma ha caído en manos de sus enemigos. El alfiler con tres rubíes fue un arma que el rey Aerys le dio a su traidor, al que tenéis vosotros. Es un artefacto antiguo. Tan antiguo como yo. Uno de los rubíes tiene la facultad de permitir comunicarse, el otro de ver lo último que vio la persona que lo tenía. El tercero es un arma.
Habéis entendido mal la Canción de Hielo y Fuego. El hielo no es lo único de lo que os tenéis que preocupar. Fui yo quien provocó la caída de Valyria. Fui encerrado, hasta que un rey idiota y un mago me liberaron. Y ahora mis hijas cantan en todo Poniente. Cantan en Skaagos, cantan en el Valle de Arryn… ¿Queréis ver lo que os aguarda o queréis matarme?
Loran quiso saber qué pasó con el último rey de su casa. Y Aeksiros, pues era él quien hablaba en boca de Jaehaerys, le contestó que fueron él, la princesa Nymeria, un Manderly y otros tantos quienes, con sus armas de acero valyrio, le encerraron, provocando la Maldición de Valyria.
A petición de Nymeria, Aeksiros le provoca una visión en la que se ve, no solo a los Caminantes Blancos creados por los Niños del Bosque, sino a…

La Canción de Hielo y Fuego. Los Targaryen la entendieron mal. Sabéis cómo detener el peligro del Hielo, pero… ¿Sabéis cómo detener el Fuego?
Fue entonces cuando Nymeria Martell comprendió por qué la lanza la había reclamado. Por qué el Dios de Muchos Rostros la había llevado hasta allí. “El conocimiento es un arma, pero el silencio es letal”. Intentó asesinar al hechicero por la espalda, pero no lo consiguió. No obstante, entre el filo de Sol de Sangre y la certera espada de Loran Lannister, consiguieron vencer a Jaehaerys Belaerys, dejándolo moribundo.
Rugido Sombrío cayó en el suelo. Ser Joanna tuvo los arrestos de cogerla:
—¿Quién viene a reclamarme?
—Ser Joanna Lannister.
—No esperaba que me reclamara una mujer.
—¿Tienes algo en contra?
— ¿Eres una Lannister?
—Los que maté en el campo de batalla tampoco tenían nada en contra.
—Eres una Lannister.
Y así fue cómo Ser Joanna reclamó a Rugido. “Debes saber una cosa, Ser Joanna, cada vez que me desenvaines beberé sangre. Si no es la del enemigo, será la tuya”. Ser Joanna aceptó. ¡Los Siete honren su infinito valor! ¿Será capaz el joven Loran de empuñarla cuando llegue su momento?
Mientras tanto, Mikayla miraba el rubí, y en él descubrió la identidad del traidor que estaba boicoteando la causa… Lord Gunthor Hightower.
Jaehaerys Belaerys expiró por la mano piadosa de Nymeria, no sin antes arrepentirse de todo lo hecho (¡a buenas horas, mangas doradas!) y dar la clave del paradero de las armas de acero valyrio: Sol de Sangre está en manos de Nymeria, Hielo volvió con los suyos, Rugido ahora es de Lady Joanna… Y Torrensombra, de la Casa Manderly, fue entregada a Lord Tarly quien quería cambiarla por el Cuerno de Joramund.
El sacrificio de la princesa
Aquí mi voz se quiebra, nobles oyentes, pues llegamos al funesto clímax y el sacrificio de una de las heroínas de esta expedición. ¡Pero no adelantemos acontecimientos!
Las Catorce Llamas empezaron a derrumbarse. El rugido de un dragón resonaba a lo lejos. Nuestros héroes salieron como pudieron para encontrarse con una imagen que jamás había visto ponientí alguno desde hacía un siglo:

Y fue ese momento en el que nuestra princesa decidió sacrificarse. Con un grito que mezcló el alto valyrio y la furia de Dorne, hundió Sol de Sangre en las fauces rugientes de la bestia, que ya se cernía sobre ellos para devorarlos.
La explosión mágica fue cegadora.
El dragón huyó, pero la onda expansiva abrazó de lleno a nuestra valiente dorniense.
Loran, Joanna, Kiara y Mikayla, protegidos por un escudo valyrio que habían encontrado en el suelo, resistieron. Y observaron con horror cómo Nymeria cayó al suelo, su ropa hecha jirones y ceniza, agarrando aún su legendaria lanza. No hubo llantos, ni lamentos indignos. Miró a Kiara, susurró un débil “Fuego y Arena…” y exhaló su último aliento.
El silencio que siguió a su muerte fue más denso que la propia Valyria.
Loran cargó con el cuerpo inerte de la heroína, mientras Kiara, bañada en lágrimas que juró nunca derramar, aferró la lanza Sol de Sangre en su honor. Huyeron del volcán que empezaba a colapsar sobre sí mismo, llevándose consigo los dos huevos de dragón, la leyenda de lo que allí ocurrió, y la dolorosa noticia que quebraría el corazón de sus hermanos a miles de leguas de distancia.
Nymeria Martell murió en las Catorce Llamas, pero, como diría este juglar: Lo que arde con pasión, ilumina el mundo entero antes de apagarse. ¡Que los Siete la guarden, y que Dorne nunca olvide su nombre!
…
¿Qué?
¿Cómo que no fue eso lo que sucedió?
¿Que realmente nadie venció al dragón, que Mikayla y Kiara se quedaron mirando cómo estaba a punto de calcinarlas hasta que la jefa de exploradores agarró el escudo y las protegió a ambas? ¿Que salieron todos por patas, guiados por los gritos de Syrio Volanteno? ¿Que fue en el viaje de vuelta, después de que Nymeria pasara un tiempo con el capitán en su camarote haciendo sus rituales de los Hombres de Muchos Rostros, cuando el cuerpo exánime de la muchacha apareció en la cubierta, sin gloria ni ceremonia?
¡Paparruchas!
¡Ay de aquel que se atreva a dudar de las palabras de Tinto, el mejor juglar de Poniente!
